A ti, que te creía inolvidable
Hace años que el destino, caprichoso, quiso poner punto y final a aquella historia que creíamos interminable.
Hace años que tus labios dejaron de pronunciar mi nombre. Que tus dedos dejaron de erizar mi piel y que tus abrazos fuesen mi hogar. Pero al igual que una día me enamoré de ti, hoy has venido a mi mente por aún motivo diferente..
Tranquilo. Prometo no abrir cajones de rencor ya cerrados, de buscar culpables y recriminarte, o mejor dicho, recriminarme nada de lo que nos pasó. Porque ya te has ido. Ya no eres el protagonista de esta obra teatral con pinceladas dramáticas llamada “mi vida”.
Como lees. Hasta ahora eras el actor principal de todas mis historias de amor, el cabeza de cartel de todas mis noches en vela, pero hoy te han sustituido.
Si me hubiesen preguntado hace unos años, hubiese respondido sin titubear que lo nuestro sólo estaba en pausa. Una parada necesaria hasta que los dos hubiésemos vivido lo suficiente como para darnos cuenta de que lo que tuvimos era, como nos gustaba decir, de otro planeta.
No voy a engañarte. No es una versión más joven y mejorada de ti. Tampoco ha conseguido hacerme reír como lo hacías tú, pero ahora él es el artífice de muchas de mis carcajadas.
Puede que no conozca mi palabra favorita o esa extraña manía que tenia después de lavarme los dientes cada noche que tanto nos hizo reír. Pero cuenta mis pecas antes de dormirse y me recuerda lo importante que soy para él cuando sin dudarlo se presenta en mi puerta cada fin de semana.
Has sido como esos tatuajes típicos de las bolsas de patatas que comíamos de niños. Esos que por mucho que frotases siempre podías ver qué días atrás ahí hubo algo que marcó tu piel.
Tú has sido igual. Te prometo que lo intenté. Muchos otros susurraron mi nombre y recorrieron a besos mi espalda pero tú recuerdo seguía ahí. En aquel momento no me daba cuenta que, al igual que con las calcamonias solo necesitaba un poco más de tiempo para que el recuerdo se diluyese por completo.
Miento si digo que nunca soñé con que volvieses a ser tú el que me despertaba por las mañanas. O que una pequeña parte de mi susurraba tu nombre a cada notificación de mi móvil, como si invocase a algún dios que no conozco para que fuese un mensaje tuyo.
A veces creí que el destino cruel nunca dejaría que salieses del todo de mi vida. Como si hubiese vivido una pesadilla en la que el tatuaje era real. Al fin y al cabo, el dolor parecía ser el mismo.
Froté tanto que de la fricción me acabe quemando. Y ese dolor que me quemaba por dentro hizo del miedo y la indiferencia mis mejores aliados. Llegue a la conclusión de que si una buena carcasa evita móviles rotos, una buena coraza evitaría que yo me rompiese de nuevo.
Parecía funcionar. Nadie podía entrar en mi mundo y ponerlo patas arriba, como lo hiciste tú. Pero no me di cuenta de que el muro era tan grande que ni yo misma podía salir a tomar un poco de aire fresco. Había caído en mi propia trampa y como si de una partida de damas se tratase, acabe comida por no comer.
Pero esto ya pasó y he de reconocer que a estas alturas te estoy agradecida. Puse mi dolor junto a la ropa de invierno en una maleta y me embarqué en una aventura. Nuevo país, nuevo idioma. ¿Qué podía salir mal?
Y así, sin darme cuenta tu recuerdo empezó a desvanecerse. No te negaré que fue duro, pero ahora cuando escucho tu nombre sonrío sin querer y me recuerda lo feliz que fui a tu lado. Al fin y al cabo siempre he creído que somos partes de las personas que nos rodean y nosotros pasamos demasiadas tardes juntos como para no tener nada el uno del otro.
Con el tiempo me di cuenta de que yo soy como un Nokia 3310. Por mucho que me caiga, volveré a levantarme. Por desgracia no fui capaz de verlo por mi misma. He necesitado muchas escapadas improvisadas, noches de estrellas y de terapias con amigos para poder ver la realidad del problema.
Durante mucho tiempo nos culpé de lo que ocurrió, he llegado a la conclusión de que nos enamoramos de las personas que somos en cada situación. Y yo, contigo, era la persona más feliz del universo y así pienso seguir. Porque nos quitamos mucho aquella tarde de enero pero también nos dimos infinitas oportunidades para vivir la vida.
Solo espero que tú estés aprovechando todas esas oportunidades y quién sabe, quizás en unos años el hilo rojo, aquel que nosotros decidimos romper, decide acercarnos un poco más. Porque antes que pareja fuimos amigos y eso no cambiará tan rápido.
Hace años que tus labios dejaron de pronunciar mi nombre. Que tus dedos dejaron de erizar mi piel y que tus abrazos fuesen mi hogar. Pero al igual que una día me enamoré de ti, hoy has venido a mi mente por aún motivo diferente..
Tranquilo. Prometo no abrir cajones de rencor ya cerrados, de buscar culpables y recriminarte, o mejor dicho, recriminarme nada de lo que nos pasó. Porque ya te has ido. Ya no eres el protagonista de esta obra teatral con pinceladas dramáticas llamada “mi vida”.
Como lees. Hasta ahora eras el actor principal de todas mis historias de amor, el cabeza de cartel de todas mis noches en vela, pero hoy te han sustituido.
Si me hubiesen preguntado hace unos años, hubiese respondido sin titubear que lo nuestro sólo estaba en pausa. Una parada necesaria hasta que los dos hubiésemos vivido lo suficiente como para darnos cuenta de que lo que tuvimos era, como nos gustaba decir, de otro planeta.
No voy a engañarte. No es una versión más joven y mejorada de ti. Tampoco ha conseguido hacerme reír como lo hacías tú, pero ahora él es el artífice de muchas de mis carcajadas.
Puede que no conozca mi palabra favorita o esa extraña manía que tenia después de lavarme los dientes cada noche que tanto nos hizo reír. Pero cuenta mis pecas antes de dormirse y me recuerda lo importante que soy para él cuando sin dudarlo se presenta en mi puerta cada fin de semana.
Has sido como esos tatuajes típicos de las bolsas de patatas que comíamos de niños. Esos que por mucho que frotases siempre podías ver qué días atrás ahí hubo algo que marcó tu piel.
Tú has sido igual. Te prometo que lo intenté. Muchos otros susurraron mi nombre y recorrieron a besos mi espalda pero tú recuerdo seguía ahí. En aquel momento no me daba cuenta que, al igual que con las calcamonias solo necesitaba un poco más de tiempo para que el recuerdo se diluyese por completo.
Miento si digo que nunca soñé con que volvieses a ser tú el que me despertaba por las mañanas. O que una pequeña parte de mi susurraba tu nombre a cada notificación de mi móvil, como si invocase a algún dios que no conozco para que fuese un mensaje tuyo.
A veces creí que el destino cruel nunca dejaría que salieses del todo de mi vida. Como si hubiese vivido una pesadilla en la que el tatuaje era real. Al fin y al cabo, el dolor parecía ser el mismo.
Froté tanto que de la fricción me acabe quemando. Y ese dolor que me quemaba por dentro hizo del miedo y la indiferencia mis mejores aliados. Llegue a la conclusión de que si una buena carcasa evita móviles rotos, una buena coraza evitaría que yo me rompiese de nuevo.
Parecía funcionar. Nadie podía entrar en mi mundo y ponerlo patas arriba, como lo hiciste tú. Pero no me di cuenta de que el muro era tan grande que ni yo misma podía salir a tomar un poco de aire fresco. Había caído en mi propia trampa y como si de una partida de damas se tratase, acabe comida por no comer.
Pero esto ya pasó y he de reconocer que a estas alturas te estoy agradecida. Puse mi dolor junto a la ropa de invierno en una maleta y me embarqué en una aventura. Nuevo país, nuevo idioma. ¿Qué podía salir mal?
Y así, sin darme cuenta tu recuerdo empezó a desvanecerse. No te negaré que fue duro, pero ahora cuando escucho tu nombre sonrío sin querer y me recuerda lo feliz que fui a tu lado. Al fin y al cabo siempre he creído que somos partes de las personas que nos rodean y nosotros pasamos demasiadas tardes juntos como para no tener nada el uno del otro.
Con el tiempo me di cuenta de que yo soy como un Nokia 3310. Por mucho que me caiga, volveré a levantarme. Por desgracia no fui capaz de verlo por mi misma. He necesitado muchas escapadas improvisadas, noches de estrellas y de terapias con amigos para poder ver la realidad del problema.
Durante mucho tiempo nos culpé de lo que ocurrió, he llegado a la conclusión de que nos enamoramos de las personas que somos en cada situación. Y yo, contigo, era la persona más feliz del universo y así pienso seguir. Porque nos quitamos mucho aquella tarde de enero pero también nos dimos infinitas oportunidades para vivir la vida.
Solo espero que tú estés aprovechando todas esas oportunidades y quién sabe, quizás en unos años el hilo rojo, aquel que nosotros decidimos romper, decide acercarnos un poco más. Porque antes que pareja fuimos amigos y eso no cambiará tan rápido.
Comentarios
Publicar un comentario